A veces en consulta mis pacientes me preguntan: “¿Pero qué tiene que ver lo que me pasó con lo que me pasa ahora?”
Y la respuesta es: todo.
Mirar hacia dentro y a nuestra historia puede doler. Es cierto que lo ocurrido no se puede deshacer, pero si no atendemos esas heridas, si no hablamos de lo que pasó (y de lo que no pasó), si no nos permitimos sentir y pensar nuestra historia, el trauma volverá una y otra vez. Lo reviviremos, aunque no seamos plenamente conscientes de ello.
Podemos acallar unos síntomas, pero aparecerán otros, hasta que realmente escuchemos, miremos e integremos. El cuerpo es sabio, siempre lleva la cuenta, y no olvida.
Por eso necesitamos preguntarnos: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Porque más allá de los síntomas, hay una historia que merece ser contada.
En terapia no se trata de “pasar página”: se trata de sostener y acompañar tu dolor.