¿Qué es la somatización? Cuando tu cuerpo habla lo que tu mente calla

Todos somatizamos. Quizá te parezca una afirmación exagerada y pienses: «Yo no». Pero si entendemos la somatización como la ausencia de palabras para expresar el dolor, la perspectiva cambia. Todos, en mayor o menor medida, manifestamos nuestro malestar en el cuerpo.

La somatización ocurre cuando no encontramos la manera de articular el dolor o la angustia. Es entonces cuando aparecen síntomas físicos sin una causa médica clara. Estos pueden ser dolores de cabeza, contracturas, molestias gastrointestinales, alergias, o problemas de sueño, entre otros.

Piensa en ese dolor de cabeza después de un período de tensión. O en el malestar estomacal que aparece cuando el miedo te paraliza y no puedes hablar de ello. ¿Qué hay de ese dolor de espalda o de cadera que persiste, a pesar de las terapias y los masajes? Hay algo que aún no has escuchado.

El cuerpo nos habla, y si no lo escuchamos, el dolor se instala.

Hay algo que nos estamos perdiendo. Algo que nos cuesta escuchar, a lo que nos resistimos a darle espacio. O que simplemente no sabemos cómo traducir.

Traducirlo en palabras, en pensamientos, en sueños, o dicho de una forma más poética: Hablar de ello, pensar en ello, soñar con ello (las tres tareas imprescindibles en el procesamiento de toda experiencia traumática).

Un acercamiento teórico a la somatización

Desde una perspectiva psicoanalítica, la somatización se concibe como el resultado de una falla en la capacidad de simbolización. El psiquiatra y psicoanalista Pierre Marty introdujo el concepto de la pensée opératoire (pensamiento operatorio) para describir un tipo de pensamiento que se limita a lo factual y lo concreto, careciendo de la dimensión simbólica y emocional.

Cuando la vida psíquica se empobrece de esta manera, la energía que debería invertirse en la elaboración de conflictos emocionales no tiene un destino mental. En consecuencia, esta energía se descarga directamente en el cuerpo, generando los síntomas físicos. Es, en esencia, un mensaje que no puede ser procesado por la mente y se expresa a través de la vía somática.

De igual forma, en la psicología moderna, se reconoce que el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), el sistema de respuesta al estrés del cuerpo, se activa crónicamente ante traumas o emociones no procesadas. La exposición constante a hormonas del estrés como el cortisol puede tener efectos devastadores en el cuerpo, contribuyendo a la inflamación, a la disfunción del sistema inmunológico y a la aparición de síntomas somáticos.

Pregúntate:

¿Qué me está impidiendo hacer este síntoma?

¿Qué, en cambio, me está permitiendo? 

¿Por qué esta somatización y no otra?

No somos cuerpos separados de una mente. Somos una unidad. Un cuerpo que lleva nuestra historia a cuestas, que graba cada experiencia, cada trauma, cada emoción no procesada. No lo olvidemos nunca.

Hoy, hablando de la conexión mente-cuerpo, me gustaría recomendar dos libros esenciales para cualquiera que quiera entender más sobre la somatización:

El cuerpo lleva la cuenta de Bessel van der Kolk: psiquiatra, escritor y divulgador.

Cuando el cuerpo dice NO de Gabor Maté: médico y escritor. 

Ambos coinciden en que la supuesta separación entre mente y cuerpo es una falacia. Siempre en sesión nos reímos cuando le pregunto a algún paciente: «¿Dónde está la mente? En el cuerpo».

Ahora, vuelve a pensar en esta frase (y si puedes, siéntela notando ese dolor):

Todos somatizamos.

Sí, todos.

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