Trastornos alimentarios: el problema no es la comida

Cuando oímos hablar de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), la imagen que nos viene a la mente es, casi siempre, la de una persona lidiando con su relación con la comida. Pensamos en la obsesión por las calorías, la restricción, los atracones o las purgas. Sin embargo, esta visión, aunque correcta, es incompleta y a menudo superficial.

Personalmente, prefiero llamarlos «trastornos alimentarios», porque el problema principal no está en la conducta. El verdadero desafío, el origen de todo, se esconde mucho más allá de lo que hay en el plato.

El problema no es la comida, sino los afectos que la envuelven

Necesitamos ir más allá del síntoma y preguntarnos qué ha tenido que ocurrir para que una persona decida atentar contra su propio instinto de supervivencia. Comer es una necesidad, pero no es solo biológica, es también profundamente emocional.

Desde la infancia, aprendemos a comer en relación. En esa relación, interiorizamos cuándo comer, cómo, cuánto, qué… y qué no. A través de la comida, poco a poco, vamos asimilando una imagen de quiénes somos y cuánto valemos.

Aprendemos qué está prohibido y qué está permitido en nuestro sistema familiar. Aprendemos (con un poco de mala suerte) que cuando estamos en la mesa, mamá y papá discuten. Aprendemos que mamá nos mira mal si repetimos. Aprendemos que si somos «malas», nos quedamos sin postre.

A la anoréxica le encanta comer

La anoréxica no deja de comer porque no le guste la comida. La bulímica no puede simplemente «parar de vomitar». La persona que sufre de atracones no puede solo «empezar a comer sano». El problema no es la comida. Los tiros van por otro lado: Por las emociones reprimidas. Por las miradas, los secretos y los mandatos. Por todo lo que tuvimos que silenciar, apartar de la conciencia y disociar.

Los trastornos alimentarios no surgen de la nada. Son una respuesta, un grito desesperado que emerge de experiencias traumáticas. No son la enfermedad, son el síntoma.

No podemos seguir culpando únicamente a la sociedad y a la gordofobia. Dejemos de «tirar balones fuera» y miremos el libro desde el principio.

Los trastornos alimentarios son relacionales. Miremos a la historia, a la familia y, sobre todo, miremos a la persona. Creemos un mundo más consciente, no menos.

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