Qué son las intrusiones

Las intrusiones son pensamientos o imágenes que invaden nuestra mente de forma repentina, causando malestar por su contenido o por las emociones que despiertan. Es importante entender que todos tenemos pensamientos intrusivos. Son una parte normal del funcionamiento de la mente humana y el hecho de tenerlos no nos define como malas personas.

Quienes experimentan intrusiones con contenido violento o dañino hacia sí mismos o hacia otros, a menudo se preguntan: «¿Soy una persona horrible?», «¿Por qué he tenido ese pensamiento?», «¿Estoy perdiendo la cabeza?», «¿Será que quiero hacerlo?». La angustia que generan estas ideas puede ser abrumadora.

El problema es que a menudo nos fiamos demasiado de lo que pensamos, como si un pensamiento desagradable dictara quiénes somos o lo que sentimos. Olvidamos que un pensamiento es, en esencia, solo un fragmento de lenguaje. No implica que vayamos a actuar de acuerdo con esa idea.

El círculo vicioso de la intrusión

El verdadero problema no es la intrusión en sí misma, sino lo que decidimos hacer con ella. La respuesta habitual es la lucha: intentar suprimir el pensamiento, controlarlo, o distraerse para evitar la angustia. Estas son soluciones a corto plazo que terminan por convertirse en el problema principal.

Cuando nos «enganchamos» a esa idea, le damos una importancia desproporcionada. La ansiedad aumenta y nuestra respuesta instintiva es la de combatir. Sin embargo, al luchar contra el pensamiento, en realidad le estamos dando más poder y relevancia.

La solución a corto plazo se transforma en un ciclo de ansiedad, obsesión y lucha por el control, que a la larga consume una parte significativa de nuestra energía y tiempo.

Un acercamiento desde la terapia cognitivo-conductual (TCC) y el mindfulness

Desde la perspectiva de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), las intrusiones son vistas como distorsiones cognitivas o pensamientos automáticos. Aaron Beck, uno de los fundadores de la TCC, argumentaba que no son los eventos en sí mismos los que nos perturban, sino la interpretación que hacemos de ellos. Un pensamiento intrusivo se vuelve problemático cuando lo percibimos como una amenaza, lo que nos lleva a comportamientos de evitación o control que, irónicamente, refuerzan el miedo.

El mindfulness, por otro lado, ofrece una solución diferente. Propone una distancia consciente del pensamiento. La monja budista Pema Chödrön lo describe perfectamente:

«Los pensamientos y las emociones surgen y desaparecen. Algunos son más convincentes que otros. Normalmente esos sentimientos agitados nos inquietan tanto que haríamos cualquier cosa para que desaparecieran».

Recuerda que el objetivo no es suprimir el pensamiento, sino observarlo sin juicio, sin identificarse con él, permitiendo que pase sin reaccionar.

Si tus pensamientos te angustian de tal forma que no puedes dejar de darles vueltas, si te obsesionas y te ves obligada a realizar acciones para liberarte de ellos, y si esta situación consume una parte importante de tu vida, podría ser el momento de buscar ayuda profesional. Un terapeuta puede enseñarte a romper el ciclo y a construir una relación más sana con tu propia mente.

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